

Uno...
Retales de una vida
que a veces nacen rotos,
productos de una noche
de sueños inconclusos
finitos con el alba.
Uno, dos...
Retales dolorosos.
Los buenos se borraron
recién amanecieron.
Se los llevó la brisa
fresca de la mañana.
Uno, dos, tres...
Trapos deshilachados
que aprisionan el alma,
que atenazan feroces
el corazón herido,
que te anulan el habla.
Uno, dos, tres, cuatro...
Hay que seguir andando,
recogiendo retales,
olvidado batallas,
reviviendo en la noche,
muriendo a la mañana.





